Una colección no suele volverse importante de un día para otro. Crece moneda a moneda, incorpora piezas difíciles de sustituir y, casi sin que su propietario lo advierta, acaba concentrando en un mismo lugar un valor económico, histórico y sentimental considerable.
Es entonces cuando aparece una pregunta que no tiene una respuesta universal: ¿sigue siendo el domicilio el lugar más adecuado para conservar toda la colección? La decisión no depende solo del precio de la moneda más valiosa. También cuentan el valor conjunto, la documentación disponible, la cobertura del seguro, la frecuencia con la que se consultan las piezas y lo difícil que resultaría reemplazarlas.
Sacar parte de la colección de casa no significa renunciar a disfrutarla. Puede consistir simplemente en separar las piezas que se estudian o fotografían con frecuencia de aquellas que conviene mantener en un entorno de acceso controlado.










