Una moneda de plata puede pasar veinte años guardada en una casa y regresar después al Banco de España para recuperar su valor facial. Para su propietario, la historia termina al recibir el dinero. Pero ¿qué ocurre con la pieza que acaba de entregar? ¿Vuelve a manos de otro coleccionista o emprende un viaje del que ya no regresará como moneda?
Una subasta de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre permite asomarse a ese destino poco conocido: casi ocho toneladas de metal procedente de monedas inutilizadas salen a la venta como plata. Detrás de esa cifra hay un recorrido que comienza con la devolución, pasa por la retirada de las piezas y termina, en algunos casos, con su transformación en materia prima.












