GRANDES FALSIFICADORES · ENTREGA 4
Historias reales de quienes intentaron engañar a monedas,
bancos y Estados.
Las piezas de Carl Wilhelm Becker no estaban destinadas a pagar una comida ni a confundirse con el dinero que pasaba cada día de mano en mano. Su objetivo era mucho más selecto: los gabinetes de los príncipes, las colecciones de los grandes aficionados y el mercado europeo de monedas antiguas.
Becker grababa cuños de acero, acuñaba a martillo y reproducía en oro o plata algunas de las grandes rarezas griegas, romanas y medievales. A veces incluso transformaba monedas antiguas corrientes en supuestas obras maestras. El metal podía ser viejo; la moneda que aparecía sobre él acababa de nacer.
Durante años se movió entre comerciantes, eruditos y coleccionistas con la reputación de un excelente numismático. Johann Wolfgang von Goethe compró monedas en su establecimiento y un príncipe alemán le concedió el título de consejero de corte. Mientras tanto, sus creaciones entraban en colecciones privadas y públicas como si hubieran sobrevivido durante siglos.
La paradoja llegó después de su muerte: cuando las falsificaciones quedaron identificadas, dejaron de interesar únicamente como engaños. Hoy existen coleccionistas de «Becker auténticos», sus cuños se conservan en museos y sus monedas falsas poseen una historia numismática propia.








Las 41 caras nacionales ordinarias de 1 euro conocidas hasta 2026, ordenadas por emisor y por fecha.
