La moneda que parecía anunciar una decapitación y otras historias para Halloween

Una marca atraviesa el cuello de Oliver Cromwell en una moneda de plata. En 1661, su cadáver sería desenterrado y decapitado. Es la primera de cuatro historias en las que el dinero se cruza con presagios, maldiciones y el miedo a que los muertos regresen.

Corona de Oliver Cromwell de 1658. La línea que cruza la parte baja del cuello procede de una fractura del cuño. Imagen: Biblioteca de la Universidad de Gante, CC0, vía Wikimedia Commons.

Las monedas acompañan a las personas durante su vida y, en ocasiones, también después de su muerte. Se han depositado junto a cadáveres, convertido en amuletos y mencionado en textos que pedían a los dioses un castigo. En sus usos más inquietantes, el valor del metal convivía con otro mucho más difícil de medir: el poder que alguien creía encontrar en él.

Para esta noche de Halloween recorremos cuatro casos con apoyo documental. Hay una coincidencia que invita a pensar en un presagio, enterramientos interpretados como defensas frente a los aparecidos, un robo perseguido mediante una maldición y monedas transformadas en una espada contra los espíritus. Lo que los une es el miedo de personas reales, conservado en objetos que todavía podemos observar.

El retrato de Cromwell que parecía tener el cuello cortado

Londres, 1658. Oliver Cromwell gobierna como lord protector después de una guerra civil que ha terminado con la monarquía y con la ejecución de Carlos I. Su retrato aparece en una corona de plata: busto laureado, mirada hacia la izquierda y una presentación de aire clásico, propia de alguien que quiere dar forma visible a su autoridad.

La moneda, equivalente a cinco chelines, lleva un diseño de Thomas Simon. En ciertos ejemplares hay un detalle que cambia por completo la manera de mirar el retrato: una línea irregular atraviesa la zona del cuello. Es la huella de un cuño fracturado, un defecto de la herramienta que se transmitió al relieve de las monedas acuñadas con ella.

Cromwell murió en septiembre de aquel mismo año. Tras la restauración de la monarquía, en 1660, sus enemigos todavía tenían una cuenta pendiente con él. En enero de 1661, su cuerpo fue exhumado y llevado a Tyburn junto con los de otros dos regicidas. Los cadáveres fueron colgados y después decapitados.

Su cabeza quedó expuesta en una pica en Westminster Hall. Pasó posteriormente por distintas manos y llegó a exhibirse en público. El recorrido terminó en 1960, cuando fue entregada al Sidney Sussex College de Cambridge y recibió sepultura en su capilla. La muerte de Cromwell había ocurrido más de tres siglos antes.

Reverso de la misma corona: escudo coronado y la leyenda «PAX QVÆRITVR BELLO», «La paz se busca mediante la guerra». Imagen: Biblioteca de la Universidad de Gante, CC0.

Conociendo aquel desenlace, resulta difícil volver al anverso sin detenerse en la marca del cuello. Vista después de los hechos, parece anunciar la decapitación. Esa es la coincidencia que sostiene el relato. La explicación numismática está en la fractura del cuño; la historia añade el destino del hombre retratado. No hace falta atribuir a la moneda una profecía para que la combinación resulte inquietante.

Monedas para dar algo que morder a un muerto hambriento

En Drawsko, en Polonia, las excavaciones de un cementerio de los siglos XVII y XVIII sacaron a la luz enterramientos con objetos colocados de una forma difícil de pasar por alto. En algunos, una hoz cruzaba el cuello o el abdomen. En otros había grandes piedras junto a la mandíbula.

Un estudio publicado en PLOS ONE en 2014 examinó seis enterramientos interpretados como medidas de protección frente al supuesto regreso de los muertos. Según esa lectura, el filo de una hoz podía dañar el cuerpo si intentaba incorporarse; la piedra podía dificultar que el aparecido mordiese o se alimentase de los vivos.

Enterramiento 49/2012 de Drawsko, con una hoz sobre el cuello. Imagen de Gregoricka, Betsinger, Scott y Polcyn (2014), PLOS ONE, figura 1, CC BY 4.0.

Las monedas también formaban parte de aquel paisaje funerario. Los investigadores registraron 119 monedas, presentes en aproximadamente el 36 % de las tumbas excavadas. Tres de los seis enterramientos considerados de protección contra el vampirismo contenían una moneda junto al lado izquierdo de la cabeza. En un cuarto se observó una mancha de cobre dentro de la boca, aunque la moneda no se conservaba.

El artículo recoge una creencia especialmente apropiada para una historia de terror: poner dinero bajo la lengua podía impedir la entrada de un espíritu maligno y proporcionar al muerto algo que morder, para disuadirlo de alimentarse de los vivos. La boca, que en vida había servido para hablar y comer, se convertía en un punto que había que proteger.

Ese significado debe situarse en su contexto. La presencia de una moneda en una tumba puede responder a distintas tradiciones funerarias. En Drawsko, la interpretación de los investigadores se apoya también en las hoces, las piedras y el conjunto de prácticas de la comunidad.

Quedaba otra pregunta: ¿a quién se había tratado de esa manera? El análisis de estroncio de los cinco individuos de esos enterramientos que pudieron estudiarse apuntó a un origen local. Aquellas personas habían crecido en la zona. El temor al regreso de los muertos podía recaer sobre alguien que había vivido entre sus propios vecinos.

Los 3.000 denarios que alguien intentó recuperar con una maldición

En la Britania romana, perder dinero podía acabar en una petición a los dioses. El proyecto de la Universidad de Oxford sobre tablillas de maldición documenta un caso procedente del templo de Pagans Hill, cerca de Chew Stoke, al sur de Bristol: una reclamación por 3.000 denarios.

El texto se fecha probablemente en la primera mitad del siglo III. Detrás de esa cantidad hubo una persona que consideró la pérdida lo bastante importante como para recurrir a una maldición. El dinero había dejado de ser únicamente un problema entre su propietario y quien se lo había llevado: se pedía la intervención de una autoridad sobrenatural.

Denario de Alejandro Severo, emperador entre 222 y 235: ejemplo de la denominación citada, utilizado como ilustración histórica. Las monedas concretas del robo no están identificadas. Fotografía: Federico Morando, CC0, vía Wikimedia Commons.

Oxford explica que muchos textos británicos buscaban reparación por un robo. A quienes les faltaban contactos para movilizar la justicia, un protector divino podía ofrecerles una esperanza. Algunas peticiones incluían castigos físicos para el culpable: la persona perjudicada quería que la pérdida tuviera consecuencias para quien se había llevado lo suyo.

En Pagans Hill, el dato seguro es la reclamación de aquellos 3.000 denarios. Conviene resistirse a convertir la cifra en una equivalencia moderna: Oxford sitúa la tablilla en un periodo de fuerte inflación y advierte de que el alcance económico de la suma es difícil de valorar. Tampoco conocemos las emisiones concretas que componían el dinero perdido.

Queda una cantidad suficientemente precisa como para imaginar el cuidado con que alguien la recordó al formular su petición. Las monedas se habían esfumado. La reclamación, transformada en una maldición, consiguió llegar hasta nosotros.

La espada hecha con monedas para mantener lejos a los espíritus

En China, las monedas llegaron a adoptar una forma inesperada: la de una espada. Sus orificios centrales permitían ensartarlas y sujetarlas alrededor de un armazón. Unidas con cordones, componían la empuñadura, la guarda y una larga hoja de metal superpuesto.

Estos objetos tuvieron una función protectora. El British Museum conserva una espada de monedas del siglo XIX, de época Qing, cuyo registro describe 119 monedas y una varilla de hierro. Su ficha incorpora un testimonio histórico que explica por qué alguien podía querer colgar una pieza así en casa.

Ejemplo de espada de monedas conservado en el Etnografiska museet de Estocolmo. Imagen: Etnografiska museet, CC BY 2.5, vía Wikimedia Commons.

En un libro publicado en 1868, Justus Doolittle describió la costumbre de utilizar estas espadas para mantener alejados a los espíritus malignos. Según su relato, podían colgarse ante las cortinas del lecho matrimonial y, en ocasiones, en el interior de ellas cuando se aproximaba un parto. La protección se buscaba en espacios y momentos especialmente ligados a la intimidad y a la vulnerabilidad de la familia.

El autor explicaba que a los tres elementos del objeto —hierro, monedas y cordones rojos— se les atribuían propiedades defensivas. También recogía la preferencia por monedas antiguas o pertenecientes al reinado de un mismo emperador. Su antigüedad y su procedencia adquirían así un significado añadido al de su valor monetario.

La imagen del museo de Estocolmo permite observar cómo se conseguía aquella transformación: piezas redondas, agujeros centrales, ataduras y monedas que cuelgan de la empuñadura. Cada una conserva su forma individual, aunque juntas componen un objeto que recuerda a un arma.

Para quienes confiaban en ella, la espada ofrecía una barrera frente a presencias que no podían verse. Unas monedas que habían servido para pagar podían permanecer después sobre una cama, atadas con hilo rojo, protegiendo el descanso de una familia de aquello que temía encontrar al otro lado de la noche.


Fuentes: Cromwell Museum · Catálogo de la Universidad de Gante · Estudio arqueológico de Drawsko · Universidad de Oxford: robos y maldiciones · British Museum: espada de monedas. 

Acerca de Jesús Rodríguez

Editor de Numismática Visual desde 2010. Realiza un seguimiento continuado de la actualidad numismática, con especial atención a las monedas en euros, las monedas de 2 euros conmemorativas y las nuevas emisiones destinadas al coleccionismo.
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