Locomotoras y dirigibles: Canadá acuña un futuro que nunca existió

Un dirigible sobrevuela una ciudad de aspecto victoriano mientras, a ras del agua, un submarino se aproxima a un muelle. Entre edificios y máquinas aparecen pistas que invitan a seguir mirando. Esta escena protagoniza la moneda de plata de Canadá de 2026 «A Whimsical Tale: Blimp», segunda entrega de una propuesta que comenzó en 2025 con una locomotora de vapor.

Las dos emisiones permiten recorrer un mundo construido con recuerdos de la Revolución Industrial y libertades propias de la ciencia ficción. Para disfrutarlo conviene conocer tanto los vehículos que inspiraron sus diseños como las historias que transformaron aquellas máquinas en símbolos de aventura.

Un futuro imaginado con las máquinas del pasado

La palabra steampunk sirve para reconocer este lenguaje visual: mecanismos a la vista, engranajes, metales de apariencia antigua y artefactos extraordinarios. Su atractivo está en imaginar qué otras formas podría haber adoptado la tecnología si el mundo industrial del siglo XIX hubiese seguido caminos diferentes.

Una estación puede convertirse en la entrada a una ciudad imposible; una aeronave, en un barco suspendido entre las nubes. La familiaridad de sus componentes hace creíble la escena durante un instante, aunque la combinación pertenezca a la fantasía. Esa tensión entre lo reconocible y lo imposible explica buena parte del encanto de estas monedas.

Este movimiento también ha llegado a los museos. El Museo de Historia de la Ciencia de Oxford le dedicó una exposición entre octubre de 2009 y febrero de 2010, con obras de 18 artistas. La relación entre arte, invención y objetos históricos ofrece un marco especialmente adecuado para acercarse a esta serie canadiense.

2025: el viaje comienza en una estación

La locomotora de 2025 inicia el recorrido por este universo. Imagen oficial: Royal Canadian Mint.

El reverso de «A Whimsical Tale: Steam Locomotive», obra de David Oram, sitúa el tren ante una ciudad de torres y fachadas ornamentadas. En el cielo ya aparece un dirigible. El artista partió de una locomotora genérica del siglo XIX y transformó sus formas para adaptarla a esta ambientación.

La elección del ferrocarril resulta significativa. Durante el siglo XIX, las vías acercaron ciudades, reorganizaron intercambios y dieron una nueva dimensión al viaje. La apertura de la línea entre Liverpool y Manchester en 1830, concebida para transportar pasajeros y mercancías, es uno de los hitos que permiten entender aquella transformación, como recuerda el Science and Industry Museum.

En la moneda, esa experiencia histórica se convierte en una invitación a imaginar el destino del tren. La estación funciona como umbral: mirar la pieza es preguntarse qué habrá al otro lado de sus edificios y hasta dónde llegarán las vías. El diseño abre una historia que cada observador puede continuar.

2026: la aventura se eleva sobre la ciudad

En la segunda entrega, Joel Kimmel desplaza la atención hacia el cielo y el agua. Bajo el dirigible aparecen un submarino y un paseo junto al muelle. Al fondo, una locomotora cruza un puente: es la conexión con la primera moneda que identifica la propia ceca.

Detalle del escenario de 2026. Imagen oficial: Royal Canadian Mint.

Observar ambas piezas juntas permite jugar con sus escalas. Primero podemos seguir el recorrido terrestre; después, imaginar la vista desde la aeronave. El cambio de perspectiva amplía el espacio narrativo y da sentido a la continuidad de la serie: cada vehículo ofrece una manera distinta de explorar la ciudad.

La abundancia de elementos exige una observación pausada. Conviene recorrer la escena por zonas y volver después al conjunto. En ese proceso, el interés pasa de reconocer un gran protagonista a descubrir cómo se relacionan las pequeñas figuras, los transportes y la arquitectura.

Julio Verne y H. G. Wells entre los detalles

La ceca confirma dos referencias literarias en el reverso de 2026: los tentáculos junto al submarino y un buzo armado remiten a Veinte mil leguas de viaje submarino; una máquina extraterrestre situada a la izquierda alude a La guerra de los mundos.

Detalle del grabado y su acabado envejecido. Imagen oficial: Royal Canadian Mint.

La novela de Julio Verne apareció por entregas entre 1869 y 1870, según documenta la Biblioteca Nacional de Francia. El Nautilus, comandado por el capitán Nemo, convierte el océano en un territorio de exploración. La máquina permite acceder a un mundo que sus viajeros apenas podían imaginar desde la superficie.

En H. G. Wells, cuya La guerra de los mundos se publicó como libro en 1898, la superioridad tecnológica adopta un carácter amenazador. La convivencia de ambos guiños permite leer la moneda como una reunión de dos posibilidades de la ciencia ficción: la fascinación por descubrir y el temor ante aquello que supera nuestra capacidad de control.

Los dirigibles reales también parecían imposibles

Para comprender el poder evocador de estos aparatos basta recordar su principio de vuelo. Un dirigible utiliza un gas menos denso que el aire para obtener sustentación y dispone de propulsión y medios de gobierno para desplazarse. Esa capacidad de dirigir el recorrido lo diferencia del globo que depende de las corrientes de aire.

Uno de sus antecedentes más sugerentes es el de Henri Giffard. El 24 de septiembre de 1852 voló desde París en un dirigible impulsado por una máquina de vapor. El Science Museum señala que recorrió unas 17 millas, aproximadamente 27 kilómetros, aunque le faltaba potencia para regresar contra el viento. El vapor llegó realmente a los cielos, con limitaciones muy distintas de la libertad que concede la fantasía.

El Graf Zeppelin sobre Jerusalén, en una fotografía fechada por el archivo en abril de 1931. American Colony Photo Department / Library of Congress, colección Matson. 

También conviene distinguir los tipos. Los dirigibles rígidos cuentan con una estructura interna que mantiene su forma; los no rígidos, llamados blimps en inglés, dependen de la presión de su envolvente. En esta emisión, el vehículo es imaginario.

Canadá tiene, además, su propia conexión con estos gigantes. La llegada del R100 británico a Saint-Hubert, junto a Montreal, en agosto de 1930 fue un acontecimiento destacado de su historia aeronáutica, documentado por Ingenium. Aquel episodio ayuda a entender la expectación que podía despertar una aeronave de estas características, aunque el R100 no sea el motivo de la emisión.

El anverso y las características de las dos emisiones

El anverso incorpora el retrato de Carlos III, de Steven Rosati, acompañado por un fondo de engranajes. Este recurso prolonga la ambientación industrial al girar la moneda.

Anverso de la emisión de 2025. Imagen oficial: Royal Canadian Mint.
Ficha comparativa de «A Whimsical Tale»
Característica Locomotora · 2025 Dirigible · 2026
País y ceca Canadá · Royal Canadian Mint
Valor facial 50 dólares canadienses
Metal Plata de pureza 999,9 milésimas
Formato anunciado 3 onzas
Peso oficial 94,25 g
Diámetro 55 mm
Acabado Envejecido · Antique finish
Canto Estriado
Tirada máxima 2.500 monedas 1.850 monedas
Diseño del reverso David Oram Joel Kimmel
Retrato del anverso Steven Rosati

El acabado envejecido refuerza la asociación con herramientas y mecanismos antiguos. Junto con el tamaño de las piezas, contribuye a que la observación se parezca a la exploración de una pequeña ilustración grabada. El interés de la propuesta está en esa posibilidad de regresar a la escena: seguir unas vías, buscar una figura o imaginar el viaje desde otro punto de vista.

Entre la estación y el cielo queda una ciudad que cada lector puede recorrer a su manera. Las dos monedas proporcionan los vehículos; el resto del viaje lo pone la imaginación.

Acerca de Jesús Rodríguez

Editor de Numismática Visual desde 2010. Realiza un seguimiento continuado de la actualidad numismática, con especial atención a las monedas en euros, las monedas de 2 euros conmemorativas y las nuevas emisiones destinadas al coleccionismo.
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