Alves Reis, el falsificador que hizo imprimir 200.000 billetes con las planchas oficiales

GRANDES FALSIFICADORES · ENTREGA 3

Historias reales de quienes intentaron engañar a monedas,
bancos y Estados.

A comienzos de diciembre de 1925, dos billetes de 500 escudos llegaron a manos de los técnicos del Banco de Portugal. El papel era correcto. La filigrana también. Los grabados, las tintas y las firmas no ofrecían nada extraño. Ambos habían salido de las mismas planchas y de la misma imprenta que utilizaba el banco emisor.

Solo había un problema: llevaban exactamente el mismo número de serie.

Uno pertenecía a una emisión autorizada y el otro a una tirada que el Banco de Portugal jamás había encargado. A simple vista, sin embargo, no existía una falsificación que descubrir. La falsedad estaba mucho antes del billete: en el contrato, las firmas, los sellos y las cartas que habían convencido a una de las imprentas de seguridad más prestigiosas del mundo para fabricar dinero por cuenta de un cliente imaginario.

El responsable se llamaba Artur Virgílio Alves Reis. No grabó una plancha, no fabricó papel moneda y no instaló una imprenta clandestina. Su gran hallazgo fue comprender que resultaba más sencillo falsificar la autoridad necesaria para emitir dinero que imitar el dinero después de emitido.

Arriba, uno de los billetes de la tirada obtenida por Alves Reis; abajo, un ejemplar de la emisión legítima. Los dos llevan el número 1K 02201 y se conservan en el British Museum. Fotografía: Osama Shukir Muhammed Amin FRCP(Glasg), CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

El ingeniero que empezó falsificando su propio título

Alves Reis nació en Lisboa el 8 de septiembre de 1896. Inició estudios de ingeniería, pero los abandonó y en 1916, recién casado, marchó a Angola, entonces colonia portuguesa. Allí descubrió pronto el valor práctico de una credencial convincente. Se presentó como ingeniero gracias a un diploma expedido por una supuesta Polytechnic School of Engineering de Oxford, una institución que sencillamente no existía.

Aquel documento no era una travesura juvenil. Le permitió obtener empleos, reputación y acceso a negocios que de otro modo habrían quedado fuera de su alcance. El patrón se repetiría durante toda su vida: Reis no falsificaba únicamente para ocultar quién era, sino para adquirir de inmediato la posición social y económica que necesitaba para dar el paso siguiente.

De regreso a Portugal se involucró en varias operaciones empresariales. Compró una participación mayoritaria en la Companhia dos Caminhos de Ferro Através de África mediante un cheque sin fondos y quedó relacionado con otra operación fraudulenta en torno a la Companhia do Ambaca. En julio de 1924 ingresó en prisión preventiva. Salió 54 días después, el 27 de agosto, sin que el breve encierro frenara sus ambiciones.

Según la reconstrucción conservada en el Archivo Histórico del Banco de Portugal, fue durante aquella estancia en prisión cuando tomó forma una idea mucho mayor. No pretendía reproducir billetes del banco: quería conseguir que una imprenta autorizada los produjera para él.

Artur Virgílio Alves Reis hacia 1925. Su especialidad no fue imprimir billetes, sino fabricar los documentos capaces de abrirle las puertas de quienes sí podían hacerlo. Autor desconocido, dominio público, vía Wikimedia Commons. 

El punto débil no estaba en el papel

El Banco de Portugal tenía el monopolio de la emisión, pero encargaba parte de sus billetes a firmas especializadas extranjeras. Una de ellas era la londinense Waterlow & Sons, que conservaba las planchas y los medios técnicos necesarios para realizar nuevas tiradas cuando recibía una orden válida.

Ese sistema descansaba sobre una cadena de confianza. La imprenta debía asegurarse de que el encargo procedía realmente del banco; notarios, consulados y representantes diplomáticos certificaban documentos y firmas; intermediarios transportaban instrucciones entre Lisboa y Londres. Reis comprendió que no necesitaba romper todos los eslabones. Le bastaba con construir una documentación lo bastante convincente para que cada participante confiara en la comprobación realizada por el anterior.

La idea esencial

Reis no intentó engañar a los cajeros con una imitación. Engañó a la imprenta con una autorización falsa para obtener billetes fabricados con papel, planchas y procedimientos auténticos.

El relato que el propio Reis publicó en 1927, mientras esperaba juicio, presenta la operación como una proeza personal y debe leerse con cautela. Los expedientes del Banco de Portugal, la documentación judicial y la correspondencia relacionada con Waterlow permiten separar su versión interesada de los hechos comprobables.

Falsificar el contrato en lugar del billete

El plan se envolvió en una operación colonial secreta. Supuestamente, el Banco de Portugal había autorizado una emisión especial destinada a financiar Angola. Los billetes se imprimirían en Londres y, antes de circular en la colonia, recibirían una sobreimpresión con la palabra «Angola». La confidencialidad explicaba por qué el encargo no debía seguir los canales ordinarios ni despertar preguntas en Lisboa.

Para sostener la ficción, Reis falsificó un contrato y las firmas de responsables del Banco de Portugal. El documento pasó por un notario y fue refrendado en consulados británicos, alemanes y franceses; después se tradujo al francés. Las legalizaciones confirmaban que determinadas firmas y sellos parecían formales, no que el negocio descrito fuera verdadero. Sin embargo, la acumulación de certificaciones confería al conjunto una apariencia de legitimidad formidable.

Reis contó con varios colaboradores. El neerlandés Karel Marang van Ysselveere actuó como interlocutor ante Waterlow; el alemán Adolph Hennies participó en la red y José Bandeira aportó conexiones especialmente valiosas, pues era hermano de António Bandeira, representante diplomático portugués en La Haya. La operación tenía así algo más peligroso que buenos papeles falsos: disponía de personas capaces de presentarlos en los lugares adecuados.

La imprenta oficial acepta un pedido que nunca existió

Marang se presentó ante Waterlow & Sons el 4 de diciembre de 1924. La compañía conocía el diseño solicitado: era el billete de 500 escudos de la chapa 2, dedicado a Vasco da Gama, que ya había fabricado para el Banco de Portugal. El pedido era extraordinario y generó dudas. Sir William Alfred Waterlow, al frente de la empresa, pidió una confirmación de Lisboa.

Ahí se produjo el fallo decisivo. La verificación regresó por el mismo circuito controlado por los conspiradores. Waterlow recibió una carta igualmente falsa que parecía autorizar el uso de las planchas del banco. La existencia del supuesto acuerdo secreto y la futura sobreimpresión colonial sirvieron además para justificar que se repitieran números de serie correspondientes a billetes ya emitidos.

La compañía terminó imprimiendo 200.000 billetes de 500 escudos. Su valor facial ascendía a 100 millones de escudos; un estudio económico de la London School of Economics lo sitúa en torno al 0,88 % del producto interior bruto nominal portugués de la época. Era una cantidad descomunal obtenida sin que los falsificadores hubieran reproducido por su cuenta un solo elemento de seguridad.

Sir William Alfred Waterlow en 1926. La imprenta solicitó una confirmación del encargo, pero la respuesta llegó a través del circuito dominado por los propios conspiradores. Fotografía del estudio Lafayette, Victoria and Albert Museum, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

¿Eran auténticos aquellos billetes?

En sentido material, eran indistinguibles de los legítimos: procedían de la imprenta, las planchas y el papel autorizados. En sentido jurídico y monetario, no lo eran, porque el Banco de Portugal jamás había ordenado ni aprobado esa emisión. Por eso resulta más exacto hablar de una tirada no autorizada obtenida mediante fraude que de billetes falsos convencionales.

Los 500 escudos de Vasco da Gama

El billete elegido no era discreto. Medía 188 por 111 milímetros y mostraba en el anverso el retrato de Vasco da Gama, acompañado por veleros y abundante ornamentación. En el reverso aparecía el escudo portugués. Llevaba impresa la fecha de 17 de noviembre de 1922, aunque los ejemplares de Reis se fabricaron en 1925, porque reproducían una emisión y una chapa ya existentes.

Anverso y reverso de uno de los 500 escudos obtenidos fraudulentamente por Alves Reis. La fecha de 1922 pertenece al modelo reproducido; la tirada no autorizada fue realizada en 1925. Imagen: Banco de Portugal, dominio público, vía Wikimedia Commons. 
Valor facial 500 escudos
Fecha impresa 17 de noviembre de 1922
Emisión y chapa Banco de Portugal, chapa 2
Dimensiones 188 × 111 mm
Motivo principal Vasco da Gama y veleros en el anverso; escudo de Portugal en el reverso
Filigrana Leyenda «Banco de Portugal» repetida
Impresor Waterlow & Sons Limited, Londres
Tirada fraudulenta 200.000 ejemplares impresos en 1925

La prueba que no estaba en el diseño

Un billete falso normal puede delatarse por un dibujo impreciso, una filigrana defectuosa o una textura incorrecta. Los ejemplares de Reis superaban esas pruebas porque no eran copias: eran productos de Waterlow realizados con los materiales y procedimientos que la firma empleaba para el propio Banco de Portugal.

La anomalía estaba en la contabilidad de la emisión. Como Waterlow había reutilizado numeraciones, dos billetes materialmente impecables podían compartir serie y número. El fraude solo se hacía visible cuando ambos coincidían en el mismo lugar o cuando se cotejaban con los registros adecuados.

La paradoja llegó al extremo de que el responsable de una entidad bancaria, receloso ante uno de los billetes, lo remitió al Banco de Portugal para que comprobara su autenticidad. La respuesta fue tranquilizadora: el ejemplar parecía genuino. Y, examinado como objeto físico aislado, lo parecía porque todo lo que se podía observar en él era correcto.

Cómo se introducen cien millones de escudos

Los lotes viajaron desde Inglaterra a Portugal aprovechando la cobertura documental y las conexiones diplomáticas de la red. Según el Archivo Histórico del Banco de Portugal, Reis se quedó con una cuarta parte de la emisión; el resto quedó dentro del reparto de la operación.

Poner en circulación tal cantidad exigía más que acudir a una ventanilla. Parte del dinero se cambió mediante corredores informales conocidos como zangões; otra parte se ingresaba en sucursales periféricas y después se retiraba en las sedes principales, ya mezclada con fondos ordinarios. También se convertía en divisas, propiedades, automóviles y participaciones empresariales.

La abundancia facilitó una estrategia de apariencia generosa: prestar a tipos muy bajos, comprar activos sin regatear y financiar proyectos que otros bancos consideraban demasiado arriesgados. Cada operación ofrecía una explicación comercial al dinero que entraba, al tiempo que multiplicaba la respetabilidad de quien lo gastaba.

Un banco construido para absorber el dinero

En junio de 1925 abrió el Banco de Angola e Metrópole. Su creación también se apoyó en documentos falsificados, pero la institución era visible, tenía oficinas, empleados y clientes reales. Servía para colocar los billetes y transformarlos en crédito aparentemente legítimo.

El banco concedía préstamos baratos pese a no contar con una base de depósitos que explicara semejante liquidez. Reis adquirió el Palácio do Menino de Ouro, fincas, una flota de taxis y automóviles; trató de comprar el diario Diário de Notícias e invirtió en distintos negocios. No actuaba como alguien que quisiera esconderse, sino como quien pretendía convertir una fortuna recién creada en poder económico duradero.

Su objetivo más audaz fue adquirir acciones del propio Banco de Portugal. A finales de noviembre había reunido unas 10.000, todavía lejos de las 45.000 necesarias para dominar la entidad. La operación, por tanto, no estuvo a punto de culminar, pero revela la escala de su proyecto: controlar el banco emisor habría podido protegerlo de inspecciones y otorgarle influencia sobre el lugar exacto en el que se custodiaban los registros capaces de descubrirlo.

Antigua sede del Banco de Angola e Metrópole en la Rua da Conceição de Lisboa. La entidad fundada por Reis en junio de 1925 fue a la vez escaparate de respetabilidad y mecanismo para introducir el dinero en la economía. Fotografía: RicardoFilipePereira, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

La pregunta que derrumbó el fraude

La caída no comenzó con el hallazgo de un defecto de impresión, sino con una pregunta periodística: ¿de dónde obtenía el Banco de Angola e Metrópole el dinero que prestaba?

El diario lisboeta O Século empezó a publicar sus investigaciones el 23 de noviembre de 1925. Sospechaba que la entidad operaba irregularmente y que quizá contaba con apoyo alemán, pero todavía no conocía el origen de los fondos. La atención sobre el banco aceleró las comprobaciones.

En Oporto aparecieron billetes de 500 escudos en cantidades llamativas y algunos despertaron recelo. El experto Luís Alberto Campos e Sá examinó ejemplares y encontró finalmente lo que el dibujo, la tinta y el papel no podían mostrar: números duplicados. El 5 de diciembre, O Século llevó el escándalo a su portada.

Reis se encontraba entonces regresando de Angola a bordo del vapor alemán Adolph Woermann. Fue detenido el 6 de diciembre cuando el barco llegó a Lisboa. La documentación consultada lo sitúa volviendo de la colonia cuando el fraude acababa de hacerse público; no permite presentar aquella detención como la captura de un fugitivo en plena huida.

La retirada total de los 500 escudos

El 6 de diciembre, la dirección del Banco de Portugal aceptó una conclusión incómoda: no existía una prueba visual fiable para separar la tirada autorizada de la fraudulenta. La única respuesta segura era retirar todos los billetes de 500 escudos de la chapa 2, también los legítimos.

El canje comenzó en medio de colas, confusión y episodios de desorden. Los tenedores entregaban sus 500 escudos y recibían otros valores, principalmente billetes de 1.000 escudos. La denominación quedó desmonetizada el 7 de diciembre de 1925. Para el día 26 se habían recogido alrededor de 115.000 ejemplares, una cifra que incluía billetes autorizados y otros procedentes del pedido de Reis.

La medida protegía la circulación, pero hacía visible el coste social del fraude. Personas que poseían billetes perfectamente válidos tuvieron que acudir a cambiarlos porque el banco emisor ya no podía reconocer, examinando únicamente el objeto, cuáles había autorizado.

Multitud ante el Banco de Portugal para cambiar billetes de 500 escudos, 8 de diciembre de 1925. Al no poder distinguirse de forma segura la tirada legítima de la no autorizada, se retiraron todos los ejemplares de la chapa 2. Autor desconocido, dominio público, vía Wikimedia Commons. Pinchando sobre las imágenes se hacen más grandes.

Detención, juicio y veinte años de condena

La dimensión internacional del caso, la cantidad de documentos y la necesidad de deslindar responsabilidades hicieron que el proceso se prolongara durante años. El juicio de Reis se celebró en mayo de 1930 en Lisboa, en el edificio de Santa Clara.

Fue condenado a veinte años: ocho de prisión y doce de destierro, con una pena alternativa de veinticinco años de destierro. Salió en libertad en mayo de 1945. Había pasado de dirigir un banco y adquirir palacios a intentar rehacer su vida con escaso éxito. Murió en Lisboa el 9 de julio de 1955, con 58 años y sin fortuna.

Sus colaboradores siguieron destinos distintos y fueron perseguidos en varios países. Pero la responsabilidad no terminaba en la red de falsificadores. El Banco de Portugal sostuvo que Waterlow & Sons había incumplido su deber al aceptar y ejecutar un encargo sin verificarlo directamente por canales seguros.

La factura llegó a Londres

El litigio entre el Banco de Portugal y la imprenta alcanzó la Cámara de los Lores. El 28 de abril de 1932 se dictó una resolución favorable al banco portugués, que recibió una indemnización de 610.392 libras, además de las costas correspondientes.

Sir William Waterlow ya había dejado la presidencia de la compañía y murió en 1931, antes del fallo definitivo. El escándalo dañó gravemente su reputación y la de la empresa, aunque es incorrecto afirmar que la firma desapareciera entonces: Waterlow & Sons continuó operando y años después fue adquirida por De La Rue.

La sentencia convirtió el caso en algo más que la historia de un estafador extraordinario. También estableció el precio de una verificación deficiente. Las planchas más perfectas del mundo no protegen un sistema si quien recibe la orden de usarlas comprueba la autorización dentro del circuito que el defraudador controla.

¿Derribó el fraude la Primera República portuguesa?

El escándalo estalló menos de seis meses antes del golpe militar del 28 de mayo de 1926. Por esa proximidad se repite a menudo que Alves Reis derribó la Primera República o abrió por sí solo el camino a la dictadura. La explicación resulta demasiado cómoda.

Portugal arrastraba ya una profunda inestabilidad política, gobiernos breves, problemas fiscales, violencia y pérdida de confianza en las instituciones. La emisión fraudulenta añadió dinero a la circulación y obligó a una costosa retirada. Un estudio de Henry Wigan para la London School of Economics estimó, con cautelas expresas, que la crisis agravó la inflación de 1926 aproximadamente un 5,9 %. Más difícil de medir, y quizá más importante, fue el golpe a la credibilidad del Banco de Portugal y del Estado.

El caso contribuyó a un clima favorable a quienes presentaban el régimen parlamentario como incapaz de garantizar el orden. Fue un factor relevante, no una causa única ni suficiente del golpe. La distinción importa: atribuir el final de una república a un solo falsificador engrandece al delincuente y borra los problemas políticos que ya existían.

Cronología del caso Alves Reis

Fecha Hecho
1916 Reis se casa y marcha a Angola, donde utiliza un falso título de ingeniería.
Julio-agosto de 1924 Permanece 54 días en prisión preventiva. Durante el encierro concibe el núcleo del plan.
4 de diciembre de 1924 Karel Marang presenta a Waterlow & Sons el supuesto encargo secreto para Angola.
1925 Waterlow imprime y entrega por lotes 200.000 billetes de 500 escudos.
Junio de 1925 Comienza a operar el Banco de Angola e Metrópole.
23 de noviembre de 1925 O Século inicia la publicación de sus investigaciones sobre el banco.
5 de diciembre de 1925 La existencia de billetes con numeración duplicada hace público el fraude.
6 de diciembre de 1925 Reis es detenido al regresar de Angola y el Banco de Portugal ordena retirar toda la chapa 2.
7 de diciembre de 1925 Los billetes de 500 escudos afectados quedan desmonetizados.
Mayo de 1930 Reis es juzgado y condenado a veinte años.
28 de abril de 1932 La Cámara de los Lores resuelve el litigio entre el Banco de Portugal y Waterlow.
Mayo de 1945 Reis recupera la libertad.
9 de julio de 1955 Muere en Lisboa a los 58 años.

El hombre que falsificó la confianza antes que el dinero

William Chaloner fabricó monedas capaces de circular por el Londres de Newton. Czesław Bojarski dedicó años a reproducir por sí mismo el papel moneda francés. Alves Reis escogió un camino completamente distinto: hizo que el aparato legítimo de fabricación trabajara para una orden inventada.

Por eso su caso conserva una fuerza especial un siglo después. El objeto final era casi perfecto porque el engaño no residía en el objeto. Estaba en la documentación y en el recorrido de las comprobaciones. Los sellos eran convincentes porque cada institución veía los del resto; las cartas parecían fiables porque llegaban por manos respetables; los billetes pasaban el examen porque habían sido impresos donde debían imprimirse.

El número duplicado 1K 02201, visible hoy en dos ejemplares expuestos juntos, resume todo el episodio. Cada billete aislado parece verdadero. Es la coexistencia de ambos la que demuestra que el sistema había emitido una promesa que nunca quiso emitir. Reis no venció al grabador ni al papelero: consiguió que una cadena de confianza certificara su ficción paso a paso.

Fuentes históricas y documentales principales

Acerca de Jesús Rodríguez

Editor de Numismática Visual desde 2010. Realiza un seguimiento continuado de la actualidad numismática, con especial atención a las monedas en euros, las monedas de 2 euros conmemorativas y las nuevas emisiones destinadas al coleccionismo.
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